Al Momento-

Negociación inteligente, o las fisuras internas se convertirán en peligrosas grietas

Columnistas / René G. Martínez Bravo / 3 de marzo de 2026

La política interna de Morena en Tamaulipas vive un momento definitorio. No por la cercanía inmediata de la elección, sino porque las señales anticipadas de aspiraciones y posicionamientos están comenzando a tensar la correlación de fuerzas al interior del partido gobernante.

El llamado a la unidad y al respeto de los tiempos electorales hecho por el gobernador Américo Villarreal Anaya no es retórico ni protocolario; es un mensaje de contención política. Cuando el mandatario insiste en cohesión, disciplina y altura de miras, está enviando una señal clara a los distintos grupos regionales que comienzan a mover fichas rumbo al 2027.

En Morena, como en todo partido hegemónico, el mayor riesgo no proviene de la oposición, sino de la fragmentación interna. Y hoy, la fuerza territorial del movimiento en Tamaulipas no es homogénea: está distribuida en bloques regionales con liderazgos consolidados.

En el norte, la correlación de fuerzas es particularmente delicada. En Nuevo Laredo, el grupo de los hermanos Carmen Lilia Canturosas y Carlos Canturosas mantiene influencia histórica y capacidad de movilización. En Reynosa, el liderazgo político de Carlos Peña Ortiz y su estructura marcan una presencia que no puede ignorarse. Son polos de poder con peso propio, con narrativa propia y con estructura electoral probada.

Más al sur, el tablero también tiene actores definidos. En Ciudad Madero, Adrián Oseguera conserva capital político; en Altamira, Armando Martínez Manríquez representa un liderazgo institucional con estructura en operación. En contraste, en Tampico la dinámica pasa por la cercanía directa con el grupo político del gobernador, donde la operación responde más al centro que a liderazgos autónomos.

Esta distribución territorial configura una correlación de fuerzas donde ningún grupo por sí solo puede imponer condiciones estatales, pero todos pueden influir en el equilibrio interno. Ahí radica el fondo del mensaje del gobernador: quien se adelante y fracture, debilita al conjunto.

El fortalecimiento del liderazgo de Américo Villarreal Anaya no dependerá únicamente de su investidura, sino de su capacidad para arbitrar intereses, ordenar aspiraciones y construir acuerdos antes de que el calendario formal inicie. La disciplina partidista será clave para evitar que la competencia interna derive en desgaste público.

La concertación más sensible, sin duda, está en el norte del estado. Es ahí donde convergen estructuras fuertes, ambiciones visibles y un peso electoral determinante. Si se logra una negociación inteligente, Morena llegará cohesionada al 2027; si no, las fisuras podrían convertirse en grietas.

En política, la correlación de fuerzas no es estática: se administra. Y hoy, en Tamaulipas, el desafío no es ganar terreno frente a la oposición, sino ordenar la casa antes de que suene oficialmente la música electoral. Porque, como bien se dice en el argot político, para el baile todos se apuntan… pero no todos marcan el ritmo.
Hasta la próxima
renovacion44@hotmail.com