Brandon Lara: juventud con experiencia y vocación de servicio
Columnistas / René G. Martínez Bravo / 9 de agosto de 2026
En política, la juventud suele ser vista con cierta reserva. Hay quienes piensan que para llegar a las posiciones donde se toman decisiones importantes se necesita necesariamente una larga trayectoria, como si los años, por sí solos, fueran sinónimo de capacidad.
No siempre es así.
Hay jóvenes que llegan a la política no solamente con entusiasmo, sino con preparación, experiencia y, sobre todo, con una verdadera vocación de servicio. Y cuando esas cualidades se encuentran, la edad deja de ser un argumento y comienza a convertirse en una ventaja.
Ese es el caso de Brandon Lara Montesinos.
Su actual responsabilidad como subdirector del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) no es cualquier cosa. Desde esa posición ha tenido la oportunidad de conocer de cerca regiones del país donde las necesidades sociales son profundas, donde la pobreza, la marginación y la desigualdad no son conceptos escritos en un documento, sino realidades que se viven todos los días.
Y ahí está, quizá, una de las mayores fortalezas de Brandon: haber conocido de frente las necesidades de quienes menos tienen.
Porque una cosa es hablar de los sectores vulnerables desde una oficina y otra muy distinta es recorrer comunidades, escuchar a la gente, conocer sus carencias y entender que detrás de cada programa social existen personas, familias y comunidades que esperan respuestas.
Brandon ha ido construyendo esa experiencia.
Su juventud camina de la mano con una preparación que ya le ha permitido asumir responsabilidades importantes y con un sentido del deber que, por lo que se observa en su trayectoria pública, parece llevar de manera natural.
No se trata solamente de ocupar un cargo. Se trata de entender para qué sirve el cargo.
Y eso es fundamental en la política de estos tiempos.
También ha sido claro en la defensa de los programas sociales y particularmente de la pensión universal para los adultos mayores, al señalar que se trata de un derecho constitucional y no de una dádiva gubernamental.
Esa diferencia conceptual es importante, porque habla de una visión política donde los derechos sociales deben entenderse como conquistas y obligaciones del Estado, no como favores que puedan utilizarse políticamente.
Pero hay otro elemento que no debe perderse de vista: su cercanía con las juventudes.
Brandon forma parte de una generación que ya no quiere ser solamente espectadora de la vida pública. Una generación que busca espacios, responsabilidades y oportunidades para participar en la construcción del país.
Y precisamente por eso resulta interesante observar su crecimiento.
Esta mañana, por ejemplo, acudió al llamado de unidad realizado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en defensa de la soberanía nacional. La convocatoria, realizada en Tamaulipas por la presidenta estatal de Morena, la maestra Guadalupe Gómez Núñez, reunió a ciudadanos y simpatizantes.
Brandon Lara estuvo presente en representación del diputado Byron Cavazos Tapia y lo hizo acompañado por una importante presencia de familias, mujeres y hombres de trabajo.
Más allá de la fotografía política del momento, hay un mensaje que vale la pena leer entre líneas.
Los jóvenes también están ocupando espacios en la construcción política de la Cuarta Transformación.
Y cuando hablamos de jóvenes, no deberíamos hablar únicamente de edad. Deberíamos hablar de preparación, responsabilidad, sensibilidad y capacidad para asumir decisiones.
Porque de poco sirve tener juventud si no existe experiencia.
Pero también de poco sirve tener muchos años en la política si se ha perdido la sensibilidad hacia la gente.
Brandon Lara parece estar construyendo justamente ese equilibrio: juventud con experiencia, preparación con humanismo y responsabilidad pública con vocación de servicio.
Por eso no sería extraño que su nombre siga apareciendo en escenarios políticos de mayor responsabilidad.
Si ha tenido la oportunidad de conocer distintas realidades sociales del país, de participar en la gestión pública y de acercarse a comunidades que históricamente han reclamado atención, entonces ya existe una experiencia que puede ser aprovechada en posiciones donde las decisiones tengan mayor alcance.
Y aquí está el punto central:
A los jóvenes preparados también hay que darles oportunidad.
No como cuota generacional, ni como premio político, sino como reconocimiento a su capacidad y como apuesta por el futuro.
Brandon Lara es todavía joven, sí.
Pero su juventud ya no puede analizarse separada de lo que ha vivido, de las responsabilidades que ha asumido y de la experiencia que ha acumulado.
Y quizá ese sea precisamente su principal activo.
Porque la política necesita sangre nueva, pero también necesita sensibilidad. Necesita preparación, pero también necesita calle. Necesita funcionarios que sepan administrar, pero sobre todo que sepan escuchar.
Y si algo puede distinguir a una nueva generación de políticos es precisamente eso: entender que el poder no es un privilegio, sino una responsabilidad; que un cargo no es una recompensa, sino una herramienta para servir.
Brandon Lara todavía tiene mucho camino por recorrer.
Pero también parece estar llegando al momento en que la política puede comenzar a preguntarse no solamente dónde está, sino hasta dónde puede llegar.
Y si mantiene esa combinación de juventud, preparación, experiencia, transparencia y humanismo, bien podría estar listo para recibir mayores responsabilidades, escalar hacia posiciones de decisión y gestión y, desde ahí, seguir haciendo algo que aparentemente le resulta natural:
servir y ayudar a quienes más lo necesitan.
Porque al final, la verdadera prueba de un político no está en el cargo que ocupa.
Está en lo que hace con él.
Hasta la próxima
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