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Gloria Molina, ex Secretaria de Salud en el gobierno de Cabeza de Vaca, denuncia que por instrucciones directas del exgobernador se le adjudicaron contratos millonarios a Sergio Carmona

Columnistas / René G. Martínez Bravo / 14 de septiembre de 2026

EL MUNDO DEL REVÉS
EL QUE MANDA, EL QUE OBEDECE… Y EL QUE “SUPERVISA”
Por: René Martínez Bravo
Hay historias que no necesitan demasiada imaginación.
Solitas se acomodan.
Y cuando aparecen nombres, cargos, contratos y dinero público, la imaginación debe hacerse a un lado.
Que hablen los documentos.
Pero mientras aparecen, hay declaraciones que políticamente son demasiado fuertes como para dejarlas pasar.
La exsecretaria de Salud de Tamaulipas, Gloria de Jesús Molina Gamboa, puso nuevamente sobre la mesa el funcionamiento interno del gobierno de Francisco García Cabeza de Vaca.
Y no lo hizo desde la tribuna de un adversario.
Lo hizo como exintegrante de aquel gabinete.
Según su videodeclaración, difundida por Proceso, empresas como Grupo Industrial Permart y Grupo Industrial Joser, vinculadas al empresario Sergio Carmona Angulo, habrían recibido beneficios durante aquella administración.
Pero lo verdaderamente interesante viene después.
Molina Gamboa sostiene que existía un acuerdo.
Ella se ocuparía de los asuntos técnicos y operativos de la Secretaría de Salud.
Y Cabeza de Vaca controlaría la proveeduría y los contratos considerados de interés económico o político relevante.
¡Ah caray!
Entonces resulta que había una Secretaría para los asuntos técnicos…
Y otra “Secretaría” para los asuntos que verdaderamente importaban.
Al menos eso se desprende de la versión de la exfuncionaria.
Y aquí entra otro personaje.
Alejandro Aguilar.
En aquellos años, subsecretario de Administración y Finanzas.
Según Molina Gamboa, las indicaciones del gobernador eran supervisadas por él.
Y aquí empieza lo bueno.
Porque cuando aparece la palabra “supervisaba”, necesariamente aparece otra pregunta:
¿Supervisaba qué?
¿Contratos?
¿Proveedores?
¿Instrucciones?
¿Adjudicaciones?
¿O simplemente se aseguraba de que las órdenes llegaran a donde tenían que llegar?
Eso, precisamente, es lo que tendría que esclarecerse.
No por simpatías políticas.
No por venganzas.
No por Morena.
No por el PAN.
Por dinero público.
Porque aquí hay una diferencia fundamental.
Una cosa es una acusación política.
Otra, muy distinta, es una acusación que puede comprobarse con expedientes, contratos, transferencias, adjudicaciones y firmas.
Por eso el asunto no debería resolverse con comunicados.
Mucho menos con descalificaciones.
Que aparezcan los documentos.
Que se revisen los contratos.
Que se conozcan los montos.
Que se identifique quién autorizó.
Quién firmó.
Quién pagó.
Quién recibió.
Y quién supervisó.
Así funciona el periodismo.
Y así debería funcionar también la justicia.
EL PROBLEMA PARA EL CABECISMO
Pero hay otra lectura.
La política.
Y esa puede ser todavía más incómoda.
Porque mientras algunos personajes ya empiezan a mover piezas rumbo a 2027, y otros miran desde ahora hacia 2028, el pasado sigue tocando la puerta.
Y toca fuerte.
El cabecismo necesita construir futuro.
Pero primero tendrá que defender su pasado.
Ese es el problema.
Porque una elección no solamente se gana con candidatos.
También se gana —o se pierde— con memoria.
Los ciudadanos recuerdan.
Comparan.
Preguntan.
Y, sobre todo, quieren saber qué hicieron quienes ya tuvieron la oportunidad de gobernar.
Por eso cada nuevo señalamiento abre una grieta en el discurso de quienes pretenden presentar aquella etapa como un capítulo cerrado.
¿Cerrado?
No necesariamente.
Mientras existan testimonios, expedientes pendientes de revisar y preguntas sin respuesta, el capítulo sigue abierto.
Y políticamente puede convertirse en una pesada mochila.
Porque si las acusaciones no se prueban, deberán quedar como eso:
acusaciones.
Pero si algún día los documentos confirman una cadena de decisiones irregulares, entonces el problema será mucho mayor.
Ya no se estaría hablando solamente de un exgobernador.
Se estaría hablando de un sistema de decisiones.
De funcionarios.
De operadores.
De beneficiarios.
Y de responsabilidades.
Ese es el verdadero expediente que puede llegar a las elecciones.
No importa cuánto cambien las siglas.
No importa cuántas veces intenten reinventarse.
No importa cuántos discursos nuevos escriban.
El pasado no se cambia con propaganda.
Y mucho menos con maquillaje electoral.
LA ÚLTIMA PREGUNTA
En el mundo del revés, quizá lo más curioso no sea descubrir que alguien supervisaba.
Lo verdaderamente interesante será saber qué supervisaba, por instrucciones de quién y para beneficio de quién.
Porque rumbo a 2027, algunos estarán buscando votos.
Otros, candidaturas.
Y algunos más…
quizá estén buscando que nadie vuelva a abrir los viejos expedientes.
Pero ya se sabe:
cuando un expediente tiene memoria, tarde o temprano vuelve a aparecer.
Y cuando aparece…
hasta el que supervisaba termina preguntándose quién lo estaba supervisando a él.
Hasta la próxima
renovacion44@hotmail.com