Cuando la crítica construye y no destruye
Columnistas / René G. Martínez Bravo / 7 de agosto de 2026
Hay una frase que escuchamos con frecuencia: al poder no se le aplaude, se le cuestiona. Y sí, es verdad. La función del periodismo, de la ciudadanía y de toda sociedad democrática es exigir resultados, señalar errores y demandar cuentas a quienes recibieron la confianza para gobernar.
Pero también hay otra realidad que pocas veces se quiere reconocer: criticar es fácil. Construir, proponer y resolver es mucho más complicado.
Existe una diferencia enorme entre la crítica honesta y la crítica de mala fe. La primera busca corregir, mejorar y aportar. La segunda únicamente pretende desgastar, desacreditar y obtener ventajas políticas o de grupo. Y esa diferencia no es menor, porque una fortalece a la sociedad y la otra termina debilitándola.
Cuando un servidor público no cumple con su responsabilidad, debe ser señalado con firmeza. Si no tiene la capacidad, la voluntad o el compromiso para responder a las expectativas ciudadanas, lo más digno sería hacerse a un lado. El cargo público no puede convertirse en un privilegio, sino en una enorme responsabilidad.
Sin embargo, también es un ejercicio de honestidad reconocer cuando existen avances.
Gobernar una ciudad como Reynosa o un estado como Tamaulipas no consiste únicamente en tapar baches o pavimentar calles. La infraestructura urbana es indispensable: vialidades, drenaje sanitario, agua potable, alumbrado público, limpieza y obra pública requieren inversiones millonarias.
Pero al mismo tiempo hay que invertir en educación, fortalecer la salud, ampliar los programas sociales, otorgar becas, atender a los sectores más vulnerables y generar mejores condiciones para elevar la calidad de vida de miles de familias.
Y si existe una asignatura que sigue reclamando resultados, esa es la seguridad pública.
La ciudadanía quiere vivir tranquila. Quiere salir de su casa sin miedo al robo domiciliario, al asalto, a la violencia familiar, al abuso contra mujeres, al maltrato infantil o a los robos que afectan diariamente al comercio establecido.
En ese contexto resulta interesante la propuesta que ha venido impulsando el alcalde de Reynosa, Carlos Peña Ortiz, para recuperar una policía municipal. Desde hace aproximadamente diez años, ningún municipio de Tamaulipas cuenta con una corporación policial propia, y de acuerdo con los parámetros de población, una ciudad como Reynosa requeriría poco más de tres mil elementos para atender con mayor cercanía las necesidades de seguridad.
A ello se suma la petición para contar con un mayor número de fiscales que permitan fortalecer la procuración de justicia y mejorar la coordinación institucional.
¿Funcionarán estas propuestas?
La única manera de saberlo es permitiendo que se analicen, se discutan y, en su caso, se implementen con responsabilidad y con los controles necesarios. Lo peor sería descalificarlas únicamente por razones políticas.
Porque exigir resultados es correcto. Es una obligación ciudadana.
Pero también vale la pena recordar un viejo dicho popular que sigue teniendo enorme vigencia: más ayuda el que no estorba.
Imaginen por un momento el potencial de Reynosa si, además de la autoridad municipal, los diputados locales y federales, las cámaras empresariales, los colegios de profesionistas, las organizaciones civiles, los sindicatos, los activistas y la propia ciudadanía empujaran en la misma dirección.
No significa dejar de criticar.
Significa convertir la crítica en una herramienta para resolver problemas y no en un arma para alimentar confrontaciones estériles.
Porque al final del día, las calles no distinguen colores partidistas. La inseguridad tampoco. Las inundaciones, los problemas de salud, la falta de oportunidades o los rezagos sociales no preguntan por ideologías.
Reynosa necesita unidad de propósito.
Necesita autoridades que escuchen, ciudadanos que participen y una sociedad que entienda que los grandes cambios no dependen únicamente de un gobierno, sino del compromiso colectivo.
Las ambiciones personales, los protagonismos y las disputas políticas pasarán. Lo que permanecerá será la ciudad que decidamos construir entre todos.
Y quizá ese sea el mayor reto de nuestro tiempo: dejar de pensar en quién gana políticamente y comenzar a preguntarnos quién gana realmente cuando Reynosa avanza.
Porque cuando el interés común se coloca por encima de cualquier bandera, quien termina ganando es toda la sociedad.
Soy René Martínez Bravo
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