Al Momento-

La obligación de servir y la virtud de hacerlo bien

Columnistas / René G. Martínez Bravo / 7 de junio de 2026

Cada 7 de junio, al conmemorarse el Día de la Libertad de Expresión en México, periodistas, columnistas, reporteros y ciudadanos en general solemos recurrir a este derecho constitucional para señalar errores, denunciar abusos, exhibir omisiones o cuestionar a quienes ejercen el poder público.
Y está bien que así sea.

La crítica ha sido siempre una herramienta indispensable para la construcción de una sociedad más justa, más informada y más democrática. Sin embargo, la libertad de expresión no debe utilizarse únicamente para señalar lo que está mal. También tiene espacio para reconocer aquello que funciona, a quienes cumplen con su responsabilidad y a los servidores públicos que entienden que ocupar un cargo no es un privilegio, sino una obligación.

Porque si algo he aprendido a lo largo de décadas de ejercer el periodismo, es que no todos reaccionan igual cuando llegan a una posición de poder.

He conocido hombres y mujeres que, siendo aspirantes a un cargo, eran accesibles, atentos y hasta humildes. Pero una vez alcanzado el puesto, pareciera que olvidan quiénes son y de dónde vienen. Ya no contestan llamadas, evaden a la ciudadanía, se rodean de filtros innecesarios y terminan convirtiéndose en aquello que alguna vez criticaron.

Algunos justifican su indiferencia argumentando exceso de trabajo o agendas saturadas. Es cierto que gobernar y administrar implica enormes responsabilidades. Pero también es cierto que el servicio público existe precisamente para servir al público.

Por eso resulta justo reconocer a quienes conservan la sencillez, la disposición y el respeto hacia el ciudadano común.

En el ámbito estatal, me consta la atención que brindan el licenciado Armando Cruz Alcántar, director general del Instituto Registral y Catastral del Estado de Tamaulipas, así como el licenciado Mauro Sandoval, coordinador de Oficinas del Registro Civil del Estado. Ambos han mantenido una política de puertas abiertas, atención transparente y disposición para resolver problemas que afectan directamente a la población.

Desde luego, eso no significa que todo funcione perfectamente. Existen áreas de oportunidad y también servidores públicos de niveles inferiores que, lamentablemente, no siempre siguen el ejemplo de sus superiores en materia de trato digno y atención eficiente. Ahí es donde las instituciones deben fortalecer la supervisión y la exigencia interna.

En Reynosa también es oportuno mencionar a funcionarios con quienes he constatado una actitud positiva hacia la ciudadanía. El arquitecto Arq.Eduardo López Arias, secretario de Obras Públicas; Antonio Chávez, titular de Servicios Primarios; la síndica María Luisa Tavares; la secretaria de Finanzas, Esmeralda Chimal Navarrete; la regidora Ildeberta Velásquez; el licenciado Geovanni Barrios Moreno y el contralor municipal Ernesto Gómez, son algunos ejemplos de servidores públicos que han demostrado disposición para escuchar, atender y gestionar soluciones.

La misma actitud he observado en el alcalde Carlos Peña Ortiz, quien mantiene cercanía con diversos sectores de la población y una apertura constante al diálogo.

De igual manera, en Nuevo Laredo resulta justo reconocer la accesibilidad y capacidad de respuesta de la alcaldesa Carmen Lilia Canturosas y del arquitecto Carlos Deanda, secretario de Obras Públicas de aquella importante frontera tamaulipeca.

Ahora bien, tampoco se trata de otorgar medallas por cumplir con una obligación.

Los funcionarios públicos reciben un salario proveniente de los impuestos de los ciudadanos. Atender, resolver, escuchar y responder forma parte de las responsabilidades inherentes al cargo. No es un favor ni una concesión.

Precisamente por eso, cuando alguien cumple con eficiencia, respeto y compromiso, debe reconocerse. Y cuando alguien incumple sistemáticamente con esas obligaciones, actúa con apatía, negligencia o indiferencia hacia la ciudadanía, debería tener la dignidad de corregir o, en su defecto, dejar el cargo para alguien con verdadera vocación de servicio.

Porque el servicio público no necesita funcionarios que se sientan importantes. Necesita funcionarios útiles.

En este Día de la Libertad de Expresión, ejerzo ese derecho no para denunciar ni para cuestionar, sino para reconocer. Porque la crítica es necesaria, pero la objetividad también obliga a señalar cuando las cosas se hacen bien.

Y aunque seguramente existen muchos otros servidores públicos que merecen una mención similar, la experiencia personal nos permite hablar únicamente de aquello que hemos visto y comprobado.
Al final de cuentas, gobernar bien no debería ser la excepción que se celebra, sino la regla que todos los ciudadanos tienen derecho a exigir.

Hasta la próxima
renovacion44@hotmail.com