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El PAN de Tamaulipas: entre el botín y los sobrevivientes

Columnistas / René G. Martínez Bravo / 25 de mayo de 2026

En Tamaulipas, el Partido Acción Nacional vive hoy una disputa que retrata con crudeza lo que terminó convirtiéndose durante los años del cabecismo: un partido secuestrado por intereses personales, por grupos enquistados en el poder y por una élite política que confundió al PAN con una franquicia privada.

Tuvieron que venir desde la dirigencia nacional a obligarlos a cumplir sus propios estatutos, porque los que se habían apoderado del partido simplemente no querían soltarlo. Se sentían dueños absolutos del PAN tamaulipeco. Querían eternizarse. El corral de Francisco Javier García Cabeza de Vaca pretendía seguir administrando el partido como si todavía despacharan desde Palacio de Gobierno.
Pero los tiempos cambian.

Hoy el panismo estatal está dividido en dos bloques: el grupo de César Augusto “El Truco” Verástegui y el grupo del exgobernador prófugo político favorito del cabecismo, Francisco García Cabeza de Vaca.

Una disputa que deja nuevamente al descubierto la gran verdad de la política mexicana: no existen lealtades permanentes, existen intereses permanentes. Y el pueblo… ese jamás entra en las prioridades de estas guerras internas.

Durante su gobierno, Cabeza de Vaca mantuvo sometido al panismo tamaulipeco bajo un régimen de control absoluto. Gobernó con el garrote político en una mano y el Código Penal en la otra. La persecución, el miedo y la intimidación fueron parte de su sello personal. Nadie dentro del PAN se atrevía a respirar sin autorización del mandatario. Alcaldes, diputados y funcionarios sabían perfectamente que cualquier desacato podía traducirse en auditorías, expedientes o persecuciones.

Era el poder convertido en amenaza permanente.

Y mientras el estado enfrentaba violencia, crisis y rezagos, el cabecismo construía una estructura voraz dedicada a depredar el erario, controlar candidaturas y repartirse posiciones como si Tamaulipas fuera patrimonio familiar.

Ahora que García Cabeza de Vaca se encuentra lejos del estado, brincando entre acusaciones, investigaciones y señalamientos judiciales, muchos de los verdaderos panistas intentan recuperar un partido que consideran secuestrado desde hace años.

Por eso esta elección interna resulta tan importante.

El grupo de “El Truco” impulsa a Gloria Elena Garza Jiménez, mientras que el cabecismo apuesta por Omeira López Reyna, una figura completamente ligada al exmandatario y a su círculo más íntimo. No es casualidad. Cabeza de Vaca la ha llevado de la mano durante más de dos décadas y media por todos los espacios posibles del poder público.

La convirtió en regidora, diputada federal, funcionaria administrativa y hasta magistrada del Supremo Tribunal de Justicia del Estado. Así operaba el cabecismo: premios políticos, cuotas personales y posiciones entregadas no por capacidad, sino por obediencia absoluta.

Porque el grupo de Cabeza de Vaca jamás entendió el servicio público como responsabilidad; lo entendió como negocio, como control y como mecanismo de protección mutua.

Y alrededor de ese esquema también aparecen personajes cercanos al manejo financiero y mediático del sexenio. Omeira López Reyna estuvo casada con Francisco García Juárez, operador histórico de la imagen y comunicación del exgobernador, personaje que además arrastra señalamientos y carpetas de investigación relacionadas con el manejo del presupuesto de comunicación social durante el sexenio cabecista.

Por eso la batalla interna del PAN no es un simple proceso partidista. Lo que está en juego es mucho más profundo: quién se queda con el control de las prerrogativas millonarias, quién decide candidaturas y quién administra el futuro político del panismo tamaulipeco.

Poder y dinero. Así de simple.

La gran pregunta es si el panismo tradicional tendrá la fuerza suficiente para arrebatarle el partido al exgobernador y a su grupo político, o si permitirán que Cabeza de Vaca continúe operando y manipulando al PAN desde el exilio político.

Porque una cosa quedó clara en Tamaulipas: el cabecismo jamás construyó una estructura partidista basada en ideales o doctrina. Construyó una maquinaria de control, presión y conveniencia.

Y ahora, entre los mismos que antes aplaudían en silencio, comienza la disputa por las sobras del poder.

Y queda otra pregunta en el aire, el tal Jesús Chucho Nader, en que bando jugará, traicionará a los suyos o los apoyará?
Hasta la próxima
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