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Fingir indignación por la interpretación de una canción es oportunismo político: CPO

Columnistas / René G. Martínez Bravo / 20 de mayo de 2026

El alcalde de Carlos Peña Ortiz salió a responder a las críticas surgidas tras la interpretación de un corrido popular de Beto Quintanilla durante el festejo del Día del Maestro en Reynosa. Y lo hizo bajo una narrativa que deja entrever algo más profundo: la percepción de que existe una estrategia de desgaste político en su contra.

Porque en Tamaulipas, y particularmente en la frontera, hay expresiones culturales que durante décadas han formado parte del paisaje cotidiano. Canciones, corridos y frases populares que, guste o no, nacieron del contexto social de una región compleja, golpeada históricamente por la violencia, pero también marcada por una identidad muy propia. Pretender ahora descubrir el origen o el simbolismo de ciertos temas musicales resulta, para muchos, un acto de oportunismo político más que de auténtica indignación.

El propio Peña Ortiz defendió que la canción mencionada ha sido utilizada por años en eventos sociales, deportivos e incluso políticos, adaptándose a personajes públicos y figuras populares sin que necesariamente implique una apología directa. Y en parte tiene razón: en la cultura del norte muchas canciones han trascendido su origen para convertirse simplemente en parte del folklore popular.

Sin embargo, el verdadero fondo no parece ser musical, sino político.

Porque cuando un alcalde con aspiraciones, presencia mediática y control político empieza a incomodar a ciertos grupos, cualquier detalle puede convertirse en munición. Hoy fue una canción. Mañana será una fotografía, una declaración sacada de contexto o cualquier elemento útil para alimentar la narrativa del desgaste.

Y es ahí donde aparece una vieja práctica de la política mexicana: cuando alguien se siente señalado o amenazado, intenta arrastrar a otros al mismo lodazal para diluir responsabilidades y repartir culpas. Peña Ortiz dejó entrever precisamente eso al afirmar que hay quienes buscan “confundir” a la ciudadanía y desviar la atención pública.
La frase no es menor.

En Tamaulipas, históricamente, las acusaciones, las insinuaciones y los rumores han sido armas recurrentes para debilitar adversarios políticos. Muchas veces sin pruebas contundentes, pero sí con suficiente ruido mediático para sembrar dudas. Porque en política, a veces no importa demostrar; basta con insinuar.

También llama la atención otra declaración del alcalde cuando se le preguntó sobre sus adversarios políticos: “Los que nos han traicionado, y la lista es larga”. Una frase breve, pero cargada de mensaje interno. Porque las mayores fracturas políticas rara vez vienen desde enfrente; casi siempre nacen dentro del mismo círculo que antes aplaudía, respaldaba y acompañaba.

La política fronteriza tiene memoria corta para las lealtades y larguísima para las facturas pendientes.

Y mientras unos buscan convertir una canción en escándalo, otros entienden perfectamente que la verdadera disputa no está en el escenario del festejo magisterial, sino en el tablero político rumbo a lo que viene.

Porque en Reynosa ya empezó otra vez el juego del desgaste. Y apenas van afinando los instrumentos.