Al Momento-

La guerra sucia que ya no engaña

Columnistas / René G. Martínez Bravo / 7 de marzo de 2026

En la política mexicana, la guerra sucia no es nueva. Lo que sí resulta cada vez más evidente es la forma burda en que algunos intentan manipular la percepción pública mediante el uso de imágenes alteradas, información falsa o contextos deliberadamente distorsionados para golpear a sus adversarios.

Lo ocurrido recientemente con el alcalde de Reynosa, Carlos Peña Ortiz, es un ejemplo claro de esta práctica que, lejos de fortalecer el debate público, lo degrada. La circulación de una fotografía presuntamente manipulada para generar sospechas o cuestionamientos en su contra exhibe una estrategia conocida: sembrar duda, repetir la acusación y esperar que algo de ese lodo se quede pegado.

Detrás de estas campañas, muchas veces no hay periodismo ni investigación, sino páginas apócrifas, perfiles anónimos y uno que otro seudo periodista que se presta al juego de publicar insinuaciones sin sustento. No se trata de informar, sino de golpear; no buscan esclarecer, sino descalificar.

Es la política del rumor, del montaje digital y de la insinuación maliciosa.

Pero hay un detalle que quienes impulsan estas campañas parecen olvidar: la sociedad ya no es la misma de hace décadas. Hoy la información circula rápido, pero también la capacidad de contrastarla.

Cada vez más ciudadanos saben distinguir entre un trabajo periodístico serio y una publicación diseñada únicamente para denostar.

Y cuando la manipulación se vuelve evidente, el efecto suele ser el contrario al que buscaban sus autores.

En lugar de debilitar al político atacado, terminan fortaleciéndolo. La victimización frente a una campaña burda suele generar simpatía, mientras que quienes promueven la guerra sucia quedan exhibidos ante la opinión pública.

La política democrática debería sostenerse en el debate de ideas, en la crítica con argumentos y en la rendición de cuentas basada en hechos verificables. Cuando se sustituye todo eso por montajes, injurias y fotografías manipuladas, lo único que se evidencia es la pobreza de quienes no tienen otra herramienta que el lodo.

Y en ese terreno, la ciudadanía cada vez compra menos la historia.

Porque al final del día, la guerra sucia no sólo ensucia a quien la padece; también desnuda a quien la promueve.

Hasta la próxima

editorial@noticiasriogrande.com