«Tamaulipas: Reforma penal y periodismo judicial»*

Marco Lara Klahr

Editorial / Redacción / Octubre 04, 2013

CIUDAD VICTORIA.― Hace una década Tamaulipas entró en la fase aguda de su actual «apagón informativo». La violencia causada por delincuentes y funcionarios corruptos ha tenido entre sus modalidades más lesivas las de cooptar o reprimir a periodistas y medios noticiosos, atentando no solo contra su integridad personal, su empleo y su libre expresión, sino contra el derecho de todos a la información.

Aquellos medios y ese periodismo tamaulipecos próximos al poder priista, de tono oficioso y costumbrista, cuasi decimonónico, que conocí hace 30 años, hoy son el rostro más descarnado del sometimiento, en un entorno donde, me decía la semana anterior el corresponsal de un diario del Distrito Federal, ya no es posible siquiera tomar una fotografía de prensa aparentemente inocua sin el riesgo de consecuencias violentas.

Al mapear los ataques a las libertades de información y expresión, Artículo 19 sitúa la zona Noreste de México, que incluye Tamaulipas, como la más violenta para el ejercicio periodístico, produciendo desplazamientos forzados, privaciones de la libertad arbitrarias y desapariciones de periodistas, así como decenas de atentados contra los medios.

Sobre esta entidad especifica que «no han cesado las presiones sobre los medios, las amenazas, las compras masivas y la captura de ejemplares. El silencio sigue imponiéndose como política editorial ante sucesos que impactan a la entidad».

Uno de los daños más profundos ocasionados es la imposibilidad de que surja y florezca una escuela de periodismo judicial que actualice al público sobre la manera ―eficiente o burocrática; honesta o corrupta; transparente o traslúcida; justa o arbitraria― como el Estado provee a los ciudadanos su derecho a la justicia penal.

Y si no hay periodismo judicial profesional, con nuevas generaciones de periodistas que vayan renovándolo e inyectándole cada vez bríos fiscalizadores, será más difícil que en Tamaulipas cuaje la reforma del sistema de justicia penal hacia la implementación de un modelo de tipo acusatorio adversarial.

No se trata de sobredimensionar el papel social de los medios y los periodistas. Pero nos contamos entre los actores sociales determinantes para que dicha transformación sea exitosa, pues somos uno de los canales privilegiados a través de los que el ciudadano promedio puede comprender y apropiarse del nuevo paradigma de justicia penal o, por el contrario, ignorarlo y rechazarlo sin conocimiento de causa.

Esto genera un círculo vicioso: si el sistema de justicia penal no se reforma persistirá la impunidad generalizada. Si la impunidad es generalizada los ciudadanos no podremos ejercer plenamente nuestros derechos, entre los que se cuentan las libertades de información y expresión. En una atmósfera tal el ejercicio profesional del periodismo judicial es imposible, como puede constatarse ahora mismo.

La semana anterior reflexionamos sobre esto en el Taller Motivacional «Sistema de Justicia Penal Acusatorio y Acceso a la Información», y pienso que los periodistas que se atrevieron a cursarlo en cierta manera establecieron un hito al mostrar independencia y coraje en un entorno donde algo así se antoja imposible.

En marzo de 2012, al inicio del encuentro de periodistas «Mundos distintos, amenazas similares», en el Instituto de las Américas ―San Diego―, escuché a don Javier Darío Restrepo afirmar que victimizarse significa acomodarse a la condición de víctima y obtener provecho de ella, sin actuar ya para sobreponerse.

Esa es la actitud predominante en el periodismo tamaulipeco. Por ello se escucha a los periodistas locales decir que, puesto que delincuentes y servidores públicos regulan toda la vida social, incluidos a los medios y el periodismo, mejor dejar la profesión como está.

Tienen razón hasta cierto punto, porque están solos y copados: la amenaza es constante y los delincuentes y funcionarios corruptos tienen muchos ojos, oídos y brazos aun entre el gremio periodístico y los propietarios de medios. Pero si un puñado de colegas acudió a aquel Taller al menos para escuchar que otro periodismo es posible, ¡entonces otro periodismo es posible!, aunque debamos construirlo más lentamente.

Para edificarlo necesitamos sumarnos quienes pertenecemos al propio gremio, organizaciones civiles, instituciones educativas y servidores públicos honestos. Apremia no solo por la seguridad y dignidad de nuestros colegas y el derecho a la información de los tamaulipecos, sino porque la reforma del sistema de justicia penal difícilmente prosperará sin periodistas agentes de cambio social.

Si a pesar de todo hubo colegas que asistieron al Taller la semana pasada, ellos podrían persistir y atraer a otros, por lo cual no debemos permitir que sigan solos, acompañándolos en un proceso de profesionalización y dignificación que, además, los libre del riesgo de diluirse en una lamentable autovictimización.

*Post publicado originalmente en lasillarota.com [septiembre 30, 2013]